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Condición de estar sobre la tierra - PALABRA ADIVINADA

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Condición de estar sobre la tierra

Cada cual lleva dentro
Cada cual lleva dentro mostrado el mundo
cual lo sueña.
Fijado en el corazón,
entre el miedo y el ansia,
como la razón que nos da,
a cada hora,
el deseo portentoso de la vida.

Cada cual lleva dentro mostrado el nombre
y su condición de estar sobre la tierra,
abiertas las manos, limpia la mirada.
Marcado con celestes signos
de los pájaros,
abandonados a la original ternura.

Cada cual lleva dentro mostrado el amor o el odio
como el misterio fugitivo
de las cosas percibidas,
de la memoria incierta,
de la elemental semilla,
del aroma fugaz que se nos presta
cuando cae la noche.
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Análisis y comentarios del poema
Poema recitado
Poema cantado (1)

Poema cantado (2)

Las dunas
A Juan José Ceba

Frente al mar nuestro de cada día,
amontonas las arenas del tiempo,
con tus manos de luz sosegada.
Y el dolor se desvanece
cuando el desierto avanza
y la vida de raíz se enciende,
con todas las aristas de tus labios
cuando te crecen los versos.

Y las dunas,
con su dorada textura de acuarela,
construyen la muralla sostenida,
este paisaje luminoso,
esta invisible red de acentos,
protegida del mar tirano.

Frente al mar nuestro de cada día,
sacudes el misterio de las olas oscuras,
de los blancos torsos sumergidos.
Y el vértigo del engaño bajo las aguas frías,
con su quejido, dejando la desnudez
de los cuerpos al descubierto.

Y las arenas,
figuras con la luz y el viento de tus manos,
salpicadas de salobres versos,
devoradas las sombras
por el infame viento,
crepitan en tu corazón inquieto.
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Análisis y comentarios del poema
Poema recitado
Poema cantado (2)

Poema cantado (1)

¡ Entrad, tomad asiento!
Vives en esta ciudad cálida del Norte,
pero puedes soñar porque soñar no está prohibido.
Soñar con una casa pequeña, humilde como tú,
definitivamente tuya porque eres su historia,
su atmósfera, su humana y renovada olor
que todo lo traspasa,
la alegría que todo lo toca.
Y decir:"¡Entrad, tomad asiento!
Esta es mi geografía primera,
mía esta tierra y este llanto
con tanto sudor ganado.
Aquí podéis estar el tiempo que queráis,
en esta casa, en mi llanura,
en mi hermosa verdad edificada,
en esta heredad que el mundo me ofrece.
Mía esta llave, esta paz segura,
este metal forjado con amor,
este descanso que ni la pasión altera.".
Y decir:"¡ Entrad, tomad asiento!
Este es mi patrimonio,
la luz futura que conmigo va,
que me protege del frío y de la espesura,
que hace que camine con la cabeza levantada
como uno más de tantos.
Este es mi hogar, cuatro paredes ya lo veis,
pero son mi conquista piedra a piedra,
reunidos aquí todos mis anhelos;
modesto como mi estirpe,
pero aquí están mis penas y mis alegrías
todas guardadas”.
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Análisis y comentarios del poema
Poema recitado
Poema cantado (2)

Poema cantado (1)

Decae la tarde
A los Poetas del Sur

Decae la tarde, con sus imposibles ráfagas de luz,
con la espesa calima, anclada en el dique seco de las horas,
frente al mar rumoroso de espumosas olas, allá en el Sur.
En el Sur de las nostalgias infinitas, de musicales caracolas
y palmeras enhiestas y firmes contra las tempestades
y los naufragios, contra los desamores y la soledad desvelada.
Así, día tras día, insolidaria y espesa marea de palabras,
se te apaga la jornada, gastado el carburo del tiempo,
con su mayúsculo calor empañando los cristales, extraños,
de tu vida, abandonada al silencio de la noche.
En la playa, nadie queda, se marcharon los bañistas gozosamente,
y quedaron vacías las aceras.
Así, día tras día, renuncias a encontrar o a saber cuándo lloverá
y hará frío, ese frío desolador que como una frontera
marca los versos. Cada tarde se apaga siempre,
cómo se apagan tus sueños y solamente te queda
mirar fijamente, por la ventana oscurecida, la palmera;
imaginar, hasta el desconsuelo, el aire turbador de un beso,
el punto de fuego o nieve pura que te abrasa con su noche
tan oscura. En este Sur, así, día tras día, la memoria
es una improvisada costumbre, tu costumbre
indomable, mientras tratas de tropezar o saber el misterio
de las palabras que necesitas para acabar el poema.
Este poema que languidece como la tarde y se hace noche,
culpable o testigo de tu desconsuelo o de tu luz sosegada,
porque sabes que con íntimo clamor la luz del día,
apagará las sombras de la ciudad y nuevamente la playa
se poblará del resplandor y del bullicio de las gentes,
que aquí, olvidan sus pesares y todas las tinieblas.
Y, entonces, nuevamente, por la ventana entornada,
entrará el sonido y el susurro de los mares inalcanzables
a escribir el último verso de esta huidiza elegía.
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Análisis y comentarios del poema
Poema recitado
Poema cantado (2)

Poema cantado (1)

Donde el corazón no se duela
Aquí, a estas horas, a la altura de nada y de nadie,
puede ser que pienses que el mar es tu consuelo,
que aquí el corazón se duele sin sangre y sin herida,
que la soledad te acompaña como las aves
alrededor del bote. Pero te equivocas, la huella doliente
es tu destino, la huella que los actos dejan dispersos
como estériles semillas, como ondas marinas sin rumbo,
hasta que un día, como hoy, hueles la niebla
cruzar el mar, y te sacude el frío de la madrugada,
y te desafía con su tizón de sal, y sientes el dolor
antes que el latido.
No hay lugar ni refugio donde el corazón no se duela,
porque el dolor es la vida misma que te salva,
rémora adherida a tu costado, a las mismas cosas que sabes
que navegan contigo, que son tu historia imborrable.
La soledad se extiende como la niebla, silenciosa,
mientras remas por universos conocidos,
por este mar rugoso de excitadas gaviotas.
Lanzas las redes con tu pasado de carnaza,
creyendo tal vez que, así, curas las llagas,
que los peces arrastrarán tu tristeza,
hasta remotos lugares y que regresarás
sin el temblor inmóvil de la congoja.
Aquí, a estas horas, a la altura de nada y de nadie,
puede ser que pienses que el mar es tu consuelo,
rodeado de inquietos pájaros, esquivos al lastre que,
medida de tu vida, lanzas al fondo del olvido.
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Análisis y comentarios del poema
Poema recitado
Poema cantado (2)

Poema cantado (1)

Habrá que conformarse
A Juan Goytisolo

Habrá que conformarse con las migajas que la vida,
esta vida miserable y rastrera, esta poca vida,
la vida de tan pocos y de tantos, nos deja.
Éramos los invisibles, apestados por la desventurada
vida que nos prestan. Aquel día
llegó a las lóbregas cuevas, extenuado,
aquel narrador de cuentos,
y le salieron nuestras cuentas a cero.
Habrá que conformarse con ser simplemente,
merodear por las calles, disimular la tristeza,
encalar las fachadas de las casas y los corazones,
alumbrar cada rincón, del barrio melancólico,
con la cal blanca de los almendros, con la seda
insignificante de los sueños, con el hondo pálpito
que nace de las gargantas y se extiende poderoso
con el viento, y se hace cante hondo con el viento
y se repite como un eco, y tropieza, y se levanta,
y llora y ríe como un loco.
Habrá que conformarse, dicen los más,
pero los menos, pensamos que un día,
ahuyentados los trileros, nos cambiará la suerte.


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Análisis y comentarios del poema
Poema recitado
Poema cantado (1)

Poema cantado (2)

Lo que la mar trae
Solo es un exiguo y vacío navío a la deriva,
un cayuco al abrazo de las olas,
cuando la luz rescata la altura
de los que-llegados en la noche-se ocultan.

Las dunas están cercanas
y cuerpos cercados se oyen próximos.
Fresca la mañana, bajo la palmera,
herido el verano.

En el camino imprevisto de las dunas,
una sandalia denuncia la aventura.
Agazapados y esbeltos cuerpos
se protegen temerosos.

Vedlos, vulnerables y abandonados a su suerte,
deambular solos y únicos,
cuando las calles se vacían y oscurecen.
!Arrebatados, lejos del mundo¡
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Poema recitado
Poema cantado (2)

Poema cantado (1)

Mientras cae la lluvia
Mientras cae la lluvia,
el aroma de notas musicales
lo invade todo.
Y todo te parece hoy tan distinto
que ya nada te asusta.
La lluvia y la soledad son, ahora,
tus compañeras de viaje,
mientras tu melancólica voz se abriga
con el primer sorbo de café de la mañana.
Golpea la lluvia dulcemente los cristales,
y con su ritmo repetido de blancas y corcheas,
hoy, unas ganas de vivir, inmensas,
hacen que olvides que es invierno,
abandonados los desolados páramos.
Y me imagino, junto a ti, amor,
de nuevo en primavera.

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Poema recitado
Poema cantado (1)

Poema cantado (2)

El desierto, solamente
Es febrero, pero poco importa en este desolado páramo.
Y poco te consuela. Acaso un día por azar
o porque has de vivir
y no tienes más remedio, recuerdes tus sueños.
Vivir es conformarse con el dolor que el tiempo
ciertamente nos permite, con la insondable noche
sin tregua… Es febrero o junio, poco importa.
El desierto se siente, se toca, se huele.
Y su olor extasiado, su nada inmensa,
te llega en el aire con su vasto fuego.
A veces también el desierto parece que no está ahí,
que ni suena o murmura.
Pero si tu corazón se abandona,
oirás sus pasos, su impulso más oculto,
su estertor más hondo y sabrás de su felino dominio.
Se acerca lentamente, despacio,
y no conoce del tiempo y sus presagios.
Y entonces se sabe de sus mandíbulas feroces y negras.
El desierto es hoy extrañamente hermoso.
Y es invierno y sol que muerde tu boca. Y te gustaría
que fuese lluvia cuando la noche comienza torpe
a humedecer los párpados y el corazón un segundo
se alumbra. Y te sabes vivo, riendo,
con el viento derramado por los hombros, con los ojos
cubiertos de arena, con el miedo delatándote,
con el hambre ardiéndote de tristeza,
de una tristeza que sientes y tocas en su volumen,
que es como una mano que te roza,
como el abrazo tierno de mujer,
como si fuera el desierto mismo
con su voz oscura y secreta que te llama.
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Poema recitado
Poema cantado (2)

Poema cantado (1)

Quisieras que los días
Quisieras que los días fueran como las olas,
camino de olas
y de otras alas para volar
por espumosos mares,
por la cresta de las crines de caballos salvajes,
a su suerte única aventurados.
Eso quisieras, contemplando su fuerza
golpeando el malecón, arrastrando la arena,
con su déspota potestad que al mar escapa fugitiva.
Quisieras que tu vivir fuera como las olas,
arrastrando los sueños
y las historias de marineros perdidos
entre las brumas y el amor ciego.
Al fin y al cabo, eso quisieras hoy,
arrebatado y solitario
frente a este mar que te habla, que te susurra
que nada está perdido,
que todo, mientras quede en la memoria, existe.
La luz de la tarde se apaga,
pero la luz que buscas,
esa luz misteriosa, acaso lo parezca,
te acecha oculta tras los objetos
y te dicta rotunda que la vida es eso:
la espuma de una ola disipada en la arena.
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Poema recitado
Poema cantado (2)

Poema cantado (1)

Viaje
La luz calienta el cuerpo derrotado,
el cuerpo tendido, uncido al camino.
Llegó hace siete días y espera
la hora precisa donde el silencio circula y cae
y rompe el hielo que sostiene la larga e invernal sospecha.

Entonces, en ese espacio minúsculo de tiempo,
en ese inútil instante donde todo se detiene,
donde el olvido se hace extenso
y se apodera de todo,
y todo se queda inmóvil,
la larga frontera parece una línea,
fina y determinada línea que se cruza.

Con suerte se estará al otro lado, a medianoche,
golpeando la puerta de la niebla,
y alguien, insomne, oirá la voz,
herida y tiernamente humana,
que pide ayuda.
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Poema recitado
Poema cantado (2)

Poema cantado (1)

Padre Nuestro, dónde estás
A los "Caminantes"

Padre nuestro de los cielos y de la tierra, dónde estás,
en qué lugar y ardida luz te escondes, dime.
No vengo a pedirte explicaciones, ni a jugar al escondite,
solamente quiero saber si este hielo crujiente,
si estos cristales rotos por los misiles, si esas lágrimas
de madres que perdieron a sus niñitos en la guerra,
si la sangre derramada, si la muerte que merodea
con su horrible sombra, con su vasta sombra,
si la angustia del enfermo desahuciado dime,
quiero saber si estás detrás de todo ello.

Santificado sea tu nombre, en el rocío y en la noche,
en los besos y en los versos, en la música
y en la espuma,
en el verbo primero y en la noche última, dónde estás,
en qué cueva o pequeño guijarro te ocultas de mí,
de esta humilde e insignificante persona que te implora.

Venga a nosotros tu reino, el reino de los ríos
y de los bosques,
del ruiseñor y del águila, de la fresca hierba,
de las florecidas ramas, de la mañana y de la penumbra,
de la arena y de las cordilleras, del tigre y de la araña,
de la ceniza y de los frutos, dime Dios, dónde estás
que te busco en cada rincón de la vida, con la irresistible
levedad de mi ser. Dónde estás,
en qué estrella del universo, de la galaxia más remota,
de la piedra escondida, de la espuma o el perfume.
Necesito saber dónde buscarte con urgencia,
para decirte, aunque ya lo sepas, que la locura
es un okupa y se niega abandonar los corazones.

Danos hoy nuestra paz de cada día, la alegría y la ternura,
el trabajo y el descanso, la tierra y el cultivo,
las caricias y el sonido de los mares, la amistad que socorre,
la lengua cierta para hablar contigo,
la llama que calienta los hogares, el trino y el viento.
Danos hoy nuestra paz tan necesaria, eso te pido.
Pero dime, Padre Nuestro, dónde estás, te suplico.

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Poema recitado
Poema cantado (1)

Poema cantado (2)

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